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5ta Nota al Monje Zen Alejandro Dokai

P. Cual es a visión del zen sobre la muerte ?

R. La muerte es un hecho concreto de la vida, es decir, que es algo inevitable. el zen nos aconseja no eludirla o negarla.. Según lo entendemos, es solo un cambio de dimensión, algo asi como un paso obligado hacia una nueva vida. Nuestras acciones generan un karma, esto es una consecuencia ineludible de esos actos. Cuando morimos ese karma se manifiesta y nos lleva a un nuevo escenario de vida de acuerdo con nuestras acciones. Asi podemos renacer en un ambiente u otro según hayamos actuado en esta vida. Esta es la enseñanza del budismo clásico. En nuestra cultura la muerte es la mala de la película, en oriente es diferente. Se ve como parte de un ciclo de vida, algo necesario para seguir aprendiendo y realizando la iluminación final que es el destino de todos nosotros. Llegar a ser budhas, seres iluminados y dichosos eternamente.

P. Pero si tuvimos muchas vidas, como es que no recordamos ninguna?

R. A veces le damos demasiada importancia a esas cosas como el recuerdo y nos olvidamos que tampoco recordamos haber estado en el vientre de nuestra madre y sin embargo allí estuvimos o no? lo cierto es que el recuerdo es una facultad del yo, y este ego nuestro es destruido por la muerte, y solo el karma del espíritu continua el viaje, no nosotros como yo, es decir, con nombre, apellido, las memorias y la conciencia individual.

P.  Que nos aconseja el zen en este punto?

R. Estudiar el zen es estudiarse a uno mismo, ese uno mismo incluye la vida y la muerte, el aspecto terrenal y trascendental como uno. Hay que abrazar la vida con todo lo que hay en ella y eso incluye la muerte. No como algo separado del resto, sino como una unidad, como parte de nuestra eternidad. La muerte es un evento cósmico y como tal tiene un valor trascendental. Todo nace y muere, estrellas, soles, planetas, seres vivos, todo. Esto tiene un significado. No se puede superar aquello que no se acepta plenamente. Hay que dejar de huir de una vez y ver que hay mas alla. El zen nos da esta posibilidad aquí y ahora. Para vivir de verdad hay que morir de verdad.

P. Que queres decir con parte de nuestra eternidad? No entiendo ese punto.

R. Todos somos mortales y al mismo tiempo formamos parte de la inmortalidad. Nuestros átomos estuvieron alguna vez dentro de una estrella lejana, y así somos hijos del sol, de la luz. Somos seres efímeros con un alma eterna o más bien, un espíritu eterno con un cuerpo mortal. Esta es nuestra real naturaleza, la forma en que somos realmente. La muerte solo es una etapa en el largo camino de la eternidad que nos aguarda. Las personas se preocupan y sufren por esto de envejecer y morir porque no saben lo suficiente sobre sí mismos. Ni bien se despiertan a su ser verdadero, dejan de sufrir miedo y angustia. Cuando se hacen conscientes de su realidad, dejan de sufrir inquietud y desesperación. El zen es para llegar a este punto de vista. No como una idea o dogma, sino como una experiencia vivida y autentica, algo así como una conciencia intuitiva detrás de la conciencia ordinaria. Como un murmullo detrás del ruido de la vida. No lo podemos probar a otros pero allí esta. Esa es la experiencia espiritual verdadera. Algo que nos sucede de hecho pero no podemos explicar. Solo alguien con la misma experiencia lo puede comprender.

P. Hablas de despertar, que significa el despertar ?

R. En zen, despertar es el equivalente del estado de iluminación en donde uno se da cuenta de pronto de su realidad trascendente y plena y así deja de sufrir por todas esas cosas sin valor que nunca nos harán felices de verdad. Budha fue un hombre muy rico y sin embargo no era feliz con su vida. Se dio cuenta que todo lo que tenia era impermanente. Así que, se decidió a buscar un bien espiritual que no pereciera con la muerte, y así por seis largos años, medito hasta que finalmente encontró la iluminación ultima y se libero del sufrimiento de la vida mundana. Ese mismo destino es para todos Nosotros. Somos seres espirituales destinados a la iluminación y la paz eterna. No es algo ajeno a nosotros o que debamos adquirir por algún medio, sino que es nuestra herencia eterna, nuestro destino último. Se trata de regresar a casa después de un largo viaje. La muerte tiene un significado positivo en la práctica de zen y no es algo trágico o lamentable, sino más bien, el medio por el cual llegamos a ser libres para siempre de las cadenas de la ilusión del ego que tanto sufrimiento nos ha causado por tantas vidas. No sería la primera vez que el villano de la película termina siendo el héroe, no es cierto? Como materia somos energía, como energía somos pensamiento. Como pensamiento somos inteligencia, como inteligencia somos conciencia, espíritu, y finalmente como espíritu somos materia, mente, pensamiento, inteligencia, y consciencia en unidad eternamente. Qué problema podríamos tener? No se trata de ponderar la muerte sino de aceptarla tal como es. Sin miedo ni angustia. Esta no es otra cosa que la continuación de la vida, mi maestro decía: la vida es vida y la muerte es también vida. Quiere decir que somos eternos, y vida y muerte no son dos cosas distintas y opuestas sino parte de la historia de nuestra eternidad. No trates de comprender esto con tu cabeza. Hace zazen por unos años y lo vas a entender sin pensar. Son cosas que se saben desde siempre, ya están grabadas en nuestro interior antes de nacer, antes de ser humanos, cuando éramos estrellas y soles. solo que la educación nos aleja de ello en aras de la superación de los demás y la dominación de los unos sobre los otros. Mientras tu mente este en ese juego de depredadores, tu conciencia seguirá dormida. Zen te libera de esta inútil competencia y te abre las puertas del mundo de la compasión, de la vida verdadera, de la gran vida, una vida llena de compasión y felicidad. No está pequeñez y mezquindad que viven las personas hoy en día. Esta lucha para obtener cosas que no necesitan y que no los harán felices en modo alguno. La práctica del Zen es abrir los ojos de la consciencia a esa nueva gran vida que es nuestra desde el principio sin principio, desde siempre.